ERNESTO LACLAU ANALIZA EL PROCESO POLÍTICO REGIONAL

Una transversalidad desde la base

El reconocido teórico evalúa en esta entrevista las transformaciones que viven la Argentina y Latinoamérica. Y destaca que las fuerzas que se sumen al proceso deben hacerlo desde sus tradiciones específicas. “Sería un error diluirlas en una masa ideológica homogénea”, dice.

Una transversalidad desde la base
“Un líder solo no puede hacer nada”, afirma Laclau.

 

Autor de Hegemonía y estrategia socialista, profesor de la universidad de Essex y teórico político de renombre mundial, el argentino Ernesto Laclau está radicado en Londres, pero visita regularmente el país y la región, interesado por los procesos que, bajo la denominación de populismo, han venido liderando transformaciones intensas y, en muchos casos, inéditas. Durante su reciente paso por la Argentina, recibió a LA VANGUARDIA para una entrevista que concluyó con una comunicación telefónica para conocer su opinión sobre el derrocamiento del presidente paraguayo, Fernando Lugo.

“A la Argentina la veo bien, estructuralmente y en el largo plazo. En estos días, hay evidentemente una serie de obstáculos, pero es de esperar que, cuando se incrementa un proceso de cambios, que nunca es enteramente pacífico, se genere resistencia de aquellos sectores que están siendo desplazados”, dice Laclau, que manifiesta su confianza en el triunfo de “las grandes líneas del programa que se está aplicando”. Respecto de la región, entiende que, aun cuando algunos países siguen apegados a modelos más tradicionales —como Chile, Colombia y México—, la tendencia general apunta hacia “el afianzamiento de los gobiernos nacional populares en un marco democrático”.

Entre los obstáculos que enfrenta el proceso de transformación en la Argentina, menciona en primer término “un sistema mediático monopolizado por grandes corporaciones, que tiene que quebrarse necesariamente”. Cita también a “estructuras corporativas de poder sindical” que se oponen al cambio, aunque identifica a la vez a muchas fuerzas que luchan contra la esclerosis del movimiento obrero. Y, finalmente, al poder económico, “especialmente al sector rural, que se ha movilizado de nuevo aunque con menos éxito que cuando se discutió la resolución 125”. No obstante, apunta, “lo que Gramsci llamaba guerra de posiciones, en lo fundamental, se ha ganado”.

Laclau cree que todas las fuerzas que se plieguen al modelo progresista que se está dando en la Argentina deben hacerlo desde sus tradiciones específicas. “Sería un error tratar de diluirlas en una masa ideológicamente homogénea. Cada una tiene que interrogar su pasado y a partir de semillas que ya existían desarrollar una nueva política”, observa. En el caso específico del socialismo, afirma que su historia en la Argentina “ha sido un tanto confusa”. “En algunos momentos, representó un elemento progresivo; en otros, durante el peronismo, se plegó a la reacción oligárquica, pero después se escindió y allí hubo una serie de avatares, que no vale la pena ahora enumerar. Yo creo que la idea de un socialismo que se pliegue a las causas nacionales es algo que resulta hoy absolutamente necesario”, refiere.

En esa dirección, rescata la iniciativa de generar una confederación de las fuerzas de ese origen que apoyan la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. “El proyecto del Gobierno tiene que incorporar a sectores que actúan desde el radicalismo, el socialismo y otras fuerzas. La llamada transversalidad tiene que practicarse más desde la base, porque con la de cúpulas ya nos ligamos a Julio Cobos”, afirma.

Ya de regreso en Londres, se prestó a continuar el diálogo de manera telefónica para abordar los sucesos de Paraguay, que por entonces acababan de producirse. “Lo que está aconteciendo es un golpe de Estado, a través de medios legales o semilegales, porque la forma en que se produjo la destitución de Lugo no hubiera sido aceptada en ningún lugar del mundo”, dispara Laclau para despejar toda duda.

A su juicio, el gobierno de Paraguay debería ser fuertemente sancionado. “Hay que suspenderlo, tanto en el Mercosur como en la Unasur, que está ocupando un rol cada vez más protagónico en los procesos latinoamericanos.

“Eso evidencia cómo se está reagrupando la derecha, los liberales y los colorados, aunque evidentemente son éstos los que se van a beneficiar más de este proceso. El nuevo presidente es simplemente una figura de transición y al mismo tiempo, revela la debilidades que tuvo el proceso paraguayo. Lugo no logró constituir ninguna fuerza propia. Todos estos años, estuvo al vaivén de las circunstancias y no consiguió avanzar con su programa electoral en ningún sector clave. La reforma agraria, por ejemplo, que era una piedra angular de su política, quedó completamente en el tintero. Esto pone de manifiesto las debilidades de un movimiento popular cuando no tiene una dirección solida y decidida, y al mismo tiempo la tendencia de la derecha a reagruparse constantemente en cada instancia coyuntural que la favorezca. Si en la Argentina no hubiera estado la decisión de Néstor y de Cristina, probablemente hace mucho que la derecha habría ganado la partida”, explica.

La reciente experiencia paraguaya tiene antecedentes en la historia latinoamericana, subraya Laclau. “El Congreso —señala— ha sido la forma de diluir el poder del Ejecutivo cuando éste se lanza a una política decidida de cambio. En general, la tendencia ha sido frenar la acción de las masas nucleadas alrededor de un plan de transformación liderado por un presidente. La hostilidad del Congreso chileno a Allende fue notoria. Lo mismo ocurrió en Brasil con los proyectos de Vargas y en la Argentina durante los últimos años”.

Finalmente, evalúa cuál es el peso de los liderazgos en el proceso de transformación que experimenta la región. “Lo que interesa es la relación entre el líder y la movilización: son las dos caras de la moneda. Un líder solo no puede hacer nada, pero tampoco una movilización popular que carece de los medios para restructurar el poder del Estado. O sea, es necesario que en este nivel haya un proyecto de cambio y, al mismo tiempo, una agrupación de fuerzas populares movilizadas autónomamente que ayude a ese proceso y al mismo tiempo lo empuje”, concluye Laclau.

Fiorella Canoni


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